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Geriatros-SARquavitae promueve la ética como valor esencial en la labor asistencial

La sede en Santiago de Compostela del Colegio Oficial de Médicos acogió la jornada “La dimensión ética de la asistencia clínica y social” organizada por Geriatros-SARquavitae para profundizar, tanto desde la teoría como desde la práctica, sobre las cuestiones éticas que conlleva el trabajo asistencial de colectivos vulnerables como el de las personas mayores.

“Humildad, prudencia, templanza y diligencia; empatía, afabilidad y sensibilidad; veracidad, discreción, lealtad, franqueza y pudor”, son las virtudes que para el experto en bioética, José Ramón Amor Pan, resultan fundamentales en las labores de asistencia social. “Piensen en rostros concretos, con nombre y apellidos” indicaba a los presentes en su ponencia, la mayoría profesionales del ámbito sociosanitario.

El respeto a la autonomía del residente frente a los deseos de la familia, la resolución de conflictos generados por la transmisión de la información, cómo abordar la negativa de un usuario a recibir tratamiento o alimentación… son algunas de las situaciones a las que se enfrenta el profesional dedicado a la atención sociosanitaria y que merecen una especial atención desde el ámbito de la ética.

Geriatros-SARquavitae fue pionera en la creación de un Comité de Ética Asistencial propio, formado por 15 expertos de diferentes disciplinas y autónomo de la dirección de la compañía, que se encarga de, entre otras cosas, realizar dictámenes no vinculantes de los que se pueda valer el profesional a la hora de tomar una decisión con respecto a situaciones como las anteriormente mencionadas. Así lo explicó Josep Pascual, director Técnico Asistencial de la empresa sociosanitaria líder en España.

La jornada contó también con las aportaciones de expertos como Marina Iglesias, presidenta del Comité de Ética Asistencial del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago y de Begoña Román, presidenta del Comité de Ética de Servicios Sociales de Cataluña, uno de los pocos existentes en España. Esta experta relató cómo desde un principio, tras ver cómo el ámbito de los servicios sociales era mucho más complejo que el estrictamente sanitario, apostaron por dar mucha formación y por crear espacios de reflexión en la “trinchera”, es decir, en los centros donde se atendía a colectivos vulnerables. Afirma que “los profesionales tienen una clara conciencia de la intromisión que hacen en la vida de las personas, por lo que son plenamente conscientes de esta dimensión ética de los servicios sociales. (…) El problema está en la descoordinación entre equipos y servicios”.