Equipo de Atención Psicosocial Fundación SARquavitae

Duelo

El duelo es el proceso por el que pasa una persona que sufre una pérdida. Se podría decir que es el evento vital más estresante que puede afrontar una persona. La intensidad y las alteraciones que provoca en la persona en duelo dependerán de varios factores. Estos son, entre otros, la relación emocional y de dependencia con el ser querido o las circunstancias en que se produce la muerte. También son importantes los recursos que disponen los supervivientes, tanto a nivel personal como familiar y social.

La duración del duelo es muy variable, dependiendo de cada persona y situación. Se estima su duración alrededor de dos años. A partir de esa fecha, algunos estudios indican que, la persona comienza a recuperarse. En principio, podemos considerar la vivencia del duelo con una función adaptativa y normativa del proceso que se está viviendo. Sólo un 10% de los casos se convierte en un duelo complicado.

El proceso de duelo comienza en el momento que se tiene conciencia de pérdida; es decir, desde que se confirma un diagnóstico con pronóstico de evolución desfavorable. Por ello, el objetivo principal de los Equipos de Atención Psicosocial (EAPS) de la Fundación “la Caixa” es facilitar el proceso de adaptación en los familiares y prevenir un posible duelo complicado. Para ello actuamos en tres momentos: antes del fallecimiento, durante el proceso de agonía y debe prolongarse la intervención, si es necesario, después del fallecimiento.

Las ETAPAS Y MANIFESTACIONES de un proceso no complicado o normal de duelo (según Parkes) que puede experimentar la persona que se encuentra en esa situación son las siguientes:

SHOCK: Se caracteriza por el desconcierto y embotamiento, incluyendo sentimientos de irrealidad. Es un fenómeno muy común y, en principio, protector. Puede durar horas o algunos días.

ANHELO: Incluye la búsqueda de la pérdida, sentimientos intensos de pena y ansiedad. También puede haber sentimientos de rabia, inseguridad y baja autoestima. En esta etapa también pueden aparecer otras reacciones extremas, como ataques de pánico. La persona se implica en los hábitos vitales normales como comer, dormir y cumplir con las responsabilidades fundamentales, pero de manera ansiosa y apática. Habitualmente se pierde peso, concentración y capacidad de memoria a corto plazo. La duración de esta fase suele ser alrededor de tres semanas.

DESORGANIZACIÓN Y DESESPERACIÓN: Se producen pensamientos repetitivos sobre la pérdida, con largos plazos de apatía y desesperación. Pueden producirse alucinaciones visuales y / o auditivas y también “sentir la presencia” de la persona perdida. Puede producirse aislamiento y ausencia de visión de futuro. Según pasa el tiempo, la desesperación tiende a disminuir en intensidad (aunque se puede reagudizar por momentos). Suele tener una duración aproximada de entre dos y cuatro meses.

REORGANIZACIÓN Y RECUPERACIÓN: Al tercer o cuarto mes, vuelven las ganas de comer y la recuperación del peso perdido. Se empieza a mirar hacia el futuro y reconstruir el mundo con un nuevo significado. La preocupación por la imagen y el deseo sexual tardan más en aparecer. La mayoría de las personas reconocen su propia recuperación a lo largo del segundo año.

¿CÓMO TRABAJAMOS NOSOTROS?

Cuando la persona acude a consulta, nuestro objetivo es apoyar emocionalmente y facilitar la aceptación de la pérdida, la adaptación al mundo en el que la persona ya no se encuentra y colaborar en la reubicación emocional nuevamente. Nuestra labor es preventiva y facilitadora del proceso que se está viviendo.

Las herramientas de intervención específicas de nuestro trabajo serán la escucha activa y el acompañamiento, así como una serie de tareas, propuestas por Worden, que irá elaborando la persona a su propio ritmo. Son las siguientes:

- Aceptar la realidad de la pérdida
- Identificar y expresar sentimientos y emociones
- Adaptarse a un medio en el que el fallecido está ausente
- Recolocar emocionalmente al fallecido y seguir viviendo

Progresivamente, se irán promoviendo pautas de autocuidado personal y se irán anticipando los síntomas físicos, cognitivos y emocionales que van a ir experimentando los supervivientes. Sería una labor psicoeducativa y no tendría que generar problemas importantes. La persona se encontrará en una etapa del duelo que tendrá que ir elaborando, y nuestra intervención irá dirigida a facilitarle ese camino.

Finalmente, decir que no todas las personas en duelo van a necesitar intervención psicológica especializada. El duelo es parte natural de la vida y los profesionales no debemos psicopatologizarlo. Debemos ayudar a OLVIDAR, pero olvidar RECORDANDO.

“La vida no es lo que uno vivió, sino lo que uno recuerda, y cómo lo recuerda para contarla” (Albert Espinosa, El Mundo Amarillo)


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