Publicado el 16 septiembre, 2016 - 08:03h

¿Qué es el ciberbullying?

La violencia escolar es un tema de actualidad que está incrementándose considerablemente en esta última década, aumentando así la preocupación a nivel familiar y de las personas que trabajan con menores. El creciente desarrollo de las nuevas tecnologías y las TIC han posibilitado la aparición de nuevas formas de acoso. El acoso escolar tradicional ha traspasado las barreras de los patios escolares para continuar en las propias casas de las víctimas. Por ejemplo, enfrentamientos que se han producido en las aulas o en los recreos, ahora se mantienen y continúan en las redes sociales como Tuenti (muy popular entre los adolescentes) o Facebook, además de recurrir a mensajería instantánea como WhatsApp.

Esto es lo que hoy conocemos como ciberacoso o ciberbullying, un nuevo tipo de acoso propio del mundo digital cuya característica, al igual que ocurre con el bullying, es la intencionalidad de causar daño, repetición de la conducta agresora y desequilibrio de poder entre el acosador y la víctima. El ciberbullying consiste en utilizar de manera indebida los medios electrónicos para intimidar, dañar y maltratar a iguales, siendo internet y (actualmente) los teléfonos móviles algunos de los dispositivos que más se utilizan para estos fines.

¿Cómo se manifiesta?:

En los casos de acoso escolar o bullying, la victima sabe quién es su agresor y a quién se enfrenta. En el ciberbullying es más complicado conocer al agresor, ya que éste utiliza falsas identidades o usuarios. En estos casos la persona que agrede no está observando de manera directa el daño que producen sus agresiones, por lo que es muy probable que sus actos sean más crueles y violentos. El que el acosador sea invisible va a aumentar la indefensión de la víctima al no saber a quién se enfrenta, aunque en muchos casos, es muy probable que se conozca cuál es su identidad.

A continuación se presentan algunas de las primeras clasificaciones de las ciber-agresiones realizadas por Nancy Willard, abogada y directora del Center for Safe and Responsable Internet Use, (2006, 2007).

  • Hostigamiento: envío repetido de mensajes ofensivos o humillantes a la víctima.
  • Denigración: envío o difusión de rumores o informaciones falsas sobre la víctima con el fin de dañar su reputación o su círculo de amistades.
  • Suplantación de la identidad: envío de mensajes maliciosos haciéndose pasar por la víctima para mancillar su reputación o para involucrarla en problemas.
  • Violación de la intimidad: difusión de secretos, informaciones o imágenes embarazosas de la víctima.
  • Exclusión social: exclusión deliberada y cruel de la víctima de grupos on-line.
  • Cyber-persecución: envío repetido de mensajes amenazantes o intimidantes con el fin de provocar miedo real en la víctima.

¿Hablamos de prevención?

La prevención se debería producir a distintos niveles y en los diferentes contextos educativos:

  • Contexto familiar: Se considera de gran importancia que en el contexto familiar los padres mantengan una actitud positiva, de afecto y de dedicación para prevenir las conductas violentas y agresivas. Ellos van a ser los que van a marcar las normas para que los hijos, desde pequeños, empiecen a conocer cuáles son los límites, siempre y cuando se utilicen estilos educativos no aversivos (castigos físicos o maltrato emocional) ya que los padres van a ser modelos durante la infancia de sus hijos. Por ejemplo, algunos de los factores de un estilo educativo no aversivo sería supervisar las actividades que se realizan fuera del colegio, no discutir delante de los hijos, un uso razonable de las nuevas tecnologías (siempre con supervisión).
  • Contexto escolar: Es uno de los contextos más importantes a la hora de prevenir y detectar casos de acoso. Es conveniente que los Centros Escolares realicen programas que puedan resultar útiles a la hora de prevenir este tipo de conductas violentas entre iguales.
  • Contexto Social: Desde el punto de vista de la comunicación y la cultura no modelar mediante la televisión por ejemplo la violencia mediante programas violentos socialmente aceptados, ya que esto aumenta el factor de riesgo. Por otro lado los servicios sociales, jurídicos o policiales también pueden prevenir el abuso escolar.
  •  Nivel Grupal: Aquí estaríamos haciendo referencia al “contagio social”, se incluye en este nivel aquellas personas que presencian el acoso y no lo denuncian o incluso lo apoyan. Estas personas, aun no siendo acosadores directos, están implicadas.
  • Nivel Personal: La educación, el autocontrol, la prevención en el abuso de sustancias, la comunicación y la resolución de conflictos pueden ayudar a la hora de prevenir cualquier tipo de acoso o conducta violenta.

Para concluir con el artículo, me gustaría añadir que el cyberbullying es un problema que está aumentado de forma alarmante en nuestro país, y que es muy necesario abordar aún muchas cuestiones que nos quedan pendientes a la hora de prevenir este tipo de conducta entre los adolescentes.

La prevención dirigida a los niños y a los adolescentes debe estar orientada a concienciarlos sobre sus propias actuaciones. En muchos de los casos no existe una concepción de las repercusiones, consecuencias psicológicas y acciones legales que aparecen detrás de una conducta de acoso cibernético.

Además, este tipo de programas deberían de incluir educación para los adultos (en particular a los padres) para aumentar su conocimiento sobre el uso de las nuevas tecnologías.

En un mundo tan tecnológico como el nuestro, en el que sin apenas salir de casa los hijos

están expuestos a cada vez más peligros reales en la red, el papel de los padres es fundamental, y no únicamente para evitar conductas peligrosas e inadecuadas como el ciberbullying, además como agentes de socialización que fomenten el uso positivo y adecuado de las nuevas tecnologías, ya que dándoles un buen uso y manejo, pueden ser de gran utilidad.

Ramón Álvarez

Animador Sociocultural de Novaire Alcoy

y Psicólogo Especialista en Psicología Clínica

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