Publicado el 06 septiembre, 2016 - 11:37h

El incremento en la esperanza de vida de la población supone que habrá más personas que llegarán a la vejez, que vivirán más y que disfrutarán de más años potenciales de vida. Estos acontecimientos han suscitado inquietud por conocer el grado de bienestar de las personas mayores, poniendo una mayor atención a los mecanismos formales e informales de apoyo social. Destaca el papel de las redes sociales a través del estudio sobre los vínculos con familiares, amigos y vecinos.

El énfasis hacia los apoyos sociales en las personas mayores se debe a que en la vejez se puede experimentar un deterioro económico y de la salud (física o mental), pero también porque es una etapa de la vida en la cual con mayor probabilidad se experimenta el debilitamiento de las redes sociales a través de la pérdida de la pareja, de otros seres queridos y amistades.

Cobran especial relevancia aspectos como las relaciones sociales, como ya hemos señalado, la alimentación, realización de ejercicio físico y de distintas actividades para ocupar el tiempo libre que determinarán la calidad de vida durante estos años. Estas variables están estrechamente relacionadas con la reserva cognitiva. La reserva cognitiva ha sido definida por algunos autores como “la capacidad del cerebro para tolerar mejor los efectos de la patología asociada a la demencia, es decir, para soportar mayor cantidad de neuropatología antes de llegar al umbral donde la sintomatología clínica comienza a manifestarse. Esta habilidad se cree que está desarrollada como resultado, o bien de una capacidad innata, o bien de los efectos de las experiencias vividas” (Orueta, Buiza-Bueno y Yanguas-Lezaun, 2010). La inclusión en redes sociales constituye uno de los factores relevantes para tolerar mejor los efectos de la patología asociada a la demencia, como sugieren Pillai y Verghese (2009) en un proyecto realizado en el que recopilaban una serie de estudios longitudinales en los que se señalaba que el grado de compromiso social, el matrimonio, vivir con alguien y evitar la soledad podían tener un efecto protector sobre el desarrollo de la demencia.

Autores como Balfour, Masaki, White y Launer (2001) (en Rodríguez y Sánchez, 2004) pusieron de manifiesto la relación entre un estilo de vida comprometido y la demencia. Evaluaron los vínculos sociales (esposo/a, compañeros de piso, contactos con parientes y amigos, confianza recíproca y la pertenencia a un grupo) y la participación en actividades productivas (ayudar a otros en tareas diarias, trabajo remunerado o voluntariado), obteniendo una relación inversa de los compromisos sociales y las actividades productivas con el riesgo de demencia.

Existe evidencia a favor de los beneficios que la integración social reporta sobre la salud. Concretamente, la pertenencia a redes sociales y el apoyo social que se obtiene fruto de la relación con otras personas, que forman parte de esta red social, genera efectos significativos sobre la salud y el funcionamiento general de las personas mayores (Stephens, Alpass, Towers, y Stevenson, 2011).

Un aspecto importante que habría que mencionar es que, para que las relaciones sociales sean potencialmente beneficiosas para las personas, éstas han de responder a una serie de factores: tienen que provocar un sentimiento de cercanía y seguridad; un sentimiento de pertenencia; a través de estas relaciones hemos de reafirmar nuestra autovalía; tenemos que poder confiar en estas personas y que cuando lo necesitemos sepamos que nos podrán ayudar u orientar ante las dificultades (Stephens y cols, 2011).

Los resultados demuestran que las redes y mecanismos psicosociales construidos a lo largo de la vida juegan un importante papel en el logro de un envejecimiento saludable. En concreto se ha demostrado el efecto beneficioso de: a) la integración en actividades de la comunidad donde se vive, b) la disponibilidad de un confidente, c) las relaciones familiares; y d) la continuidad del papel de miembro activo de la vida familiar y de las amistades. (Otero, Zunzunegui, Béland, Rodríguez y García de Yébenes, 2006).

Así como las redes sociales proporcionan una mejora sobre la salud de la persona, el sentimiento de soledad puede derivar en una autopercepción de desadaptación que suele ir asociada con la pérdida de actividad y aislamiento social, aspectos que pueden derivar en una serie de trastornos afectivos tales como ansiedad, depresión, etc., Una persona mayor que haya perdido su actividad y se encuentre aislada socialmente, acabará por presentar en la mayoría de los casos un deterioro funcional y físico, que se manifestará en última instancia en un deterioro cognitivo y de la salud en general. (Rubio, 2004). La soledad de las personas mayores constituye un problema lo suficientemente importante como para que se deban proponer medidas que la prevengan o, al menos, la palien. Supone un conjunto de sentimientos negativos entre los que destacan la tristeza, la sensación de vacío y la falta de comunicación. El remedio viene dado por sus propias causas: el deterioro de las relaciones sociofamiliares y un descenso en la realización de actividades placenteras.

El estrés psicológico asociado con deficiencias en la red social puede dar lugar a enfermedades y cambios inmunológicos adversos. Diversos estudios epidemiológicos indican que las personas expuestas a estresores vitales son más vulnerables a la hipertensión, enfermedades respiratorias, alergias y enfermedades coronarias (Gracia y Lila, 2007).

El cortisol es una hormona secretada por las glándulas suprarrenales que interviene en diversas funciones como el metabolismo de la glucosa, la regulación de la presión arterial, la función inmunitaria y la respuesta inflamatoria.

Niveles más elevados y prolongados de esta hormona (como los asociados al estrés) se ha demostrado que tienen efectos negativos tales como: el deterioro del rendimiento cognitivo, la supresión de la función tiroidea, hiperglucemia, disminución de densidad ósea y tejido muscular, mayor presión arterial, disminución de la función inmunitaria, respuestas inflamatorias en el cuerpo y lentitud en la cicatrización de heridas. Por lo que sería interesante estudiar sus efectos en personas con deficiencias en la red social, que como hemos mencionado anteriormente se asocia al estrés psicológico.

Miriam González

Psicogerontóloga

Centro Novaire Alcoy

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