Publicado el 08 septiembre, 2016 - 09:13h

La jubilación es entendida como una nueva etapa en el ciclo vital de toda persona; es la fase de la vida en la que nos desvinculamos del mundo laboral y, en teoría, dejamos de ser productivos para la sociedad. Como norma social, se considera que una persona se debe jubilar una vez alcanzados los 60-65 años, según el tipo de trabajo que estaba realizando. Jubilarse supone un cambio radical en la forma de vida global, ya que supone abandonar la actividad que más horas ha ocupado su tiempo hasta ese momento y ocasiona un cambio de hábitos que van a afectarlo de manera global. Debido a que esto influye a la persona en los aspectos más importantes (psicológico, afectivo, relacional, económico, social, existencial, etc.,) muchas no están lo suficientemente preparadas para afrontarla de manera óptima y saludable. Pero, en cualquier caso, depende mucho de cada persona.

Se ha demostrado empíricamente que la mayoría de los jubilados experimentan dificultades en su transición del trabajo a su nueva etapa vital (Moragas, Rivas, Cristofol, Rodríguez y Sánchez, 2006). El trabajo no solo confiere a la persona una ocupación en la que sentirse útil y productivo, además le otorga un rol dentro de la sociedad y se encuentra determinada por la realización de unos hábitos prolongados y repetidos durante años.

 

Son necesarios programas específicos para preparar a las personas a la jubilación, porque la esperanza de vida general ha aumentado (Moragas, Rivas, Cristofol, Rodríguez y Sánchez, 2006) lo que ha originado un incremento en el número de personas mayores que conforman la población. En el período 1986 a 2005 las personas mayores de 65 años han ido aumentando el grueso de la población de 4,7 a 7,3 millones (12,2 a 16,6% de la población) y la tendencia, como podemos observar en las pirámides poblacionales, va a experimentar grandes incrementos en los años venideros.

Uno de los mitos de los jubilados es que son personas improductivas, ya que está ampliamente comprobado que salvo enfermedades y problemas sociales, la persona mayor puede permanecer productiva e interesada en seguir aportando a la sociedad, es más, no es infrecuente encontrar a personas mayores de 65 años que continúen desempeñando su profesión, es el caso de muchos empresarios y autónomos para los que el trabajo es el pilar fundamental de su vida. No obstante, para la gran mayoría de las personas es inevitable enfrentarse a la jubilación, y con ella adaptarse a unos menores ingresos económicos, a una pérdida de estatus en la sociedad y en muchos casos a un aislamiento que ocasiona serios trastornos en el anciano.

Uno de los mayores retos para las personas que se jubilan es saber rellenar de manera óptima y provechosa el abundante tiempo de ocio del que ahora disponen. Lo más habitual es que nadie les haya preparado para afrontar esta situación y que muchos se dejen llevar por la desidia y prefieren observar pasivamente su propio declive. Son preocupantes las estadísticas que refieren un alto porcentaje de varones que muere durante el trascurso de su primer año de retiro, (Hernández, 2009) lo que nos da otra prueba de la enorme necesidad que tienen los programas de preparación a la jubilación; y es que la jubilación es un fenómeno susceptible de provocar o predisponer al surgimiento de enfermedades físicas (debido a la inactividad) y psicológicas (debido a una mala adaptación a su nueva realidad).

Desde programas como este, debemos instruir a la utilización del ocio y tiempo libre de una manera creativa, por ejemplo promoviendo el voluntariado activo; el objetivo principal es lograr que nuestros mayores sean más activos y se interesen por seguir aportando a la sociedad de alguna manera. La jubilación supone la posibilidad de dedicarse a actividades diferentes, de pasar más tiempo con el cónyuge y el resto de la familia, la oportunidad de hacer cosas que siempre se han querido hacer y para las que antes no se encontraba la oportunidad o el momento, y en resumen, es momento de gestionar adecuadamente el tiempo y el ocio de una manera creativa y con total libertad.

En la preparación a la jubilación se trata de educar y enseñar a la persona conocimientos útiles para afrontar esta etapa vital de una manera óptima y sobre todo pretendemos que se aprendan una serie de hábitos intereses nuevos que le permitan adaptarse correctamente.

Miriam González

Psicóloga Especialista en Psicogerontología

(SARquavitae Novaire Alcoy)

 

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