11/02/2017



Publicado el 17 mayo, 2017 - 08:00h

Por fin tenemos en nuestro poder la entrevista que el pasado día 11 de Febrero realizaron en la Residencia SARquavitae Matogrande los miembros de la Fundación Ingada a nuestra querida residente Soledad Muñiz.

A continuación, os mostramos el contenido íntegro de la misma, que refleja episodios emotivos y difíciles de su vida:

Un sábado por la mañana tuvimos el placer de contar con Sole en nuestra sede, una gran mujer dispuesta a contar su historia a un grupo de jóvenes con los oídos bien abiertos.

Nacida en Asturias, fue enviada sola en un barco inglés a los 11 años de edad a Bélgica, cuando estalló la guerra civil española. Siendo solo una niña, decidió montar en ese barco sin su madre y hermanos, quienes debían quedarse en España.

Fueron tres días de miedo, tal y como ella lo narra, aún con la emoción en sus ojos. Cuenta también que, durante su viaje se quedaron sin agua y comida, por lo que por unos días pasaron sed y hambre. No había habitaciones separadas, así que todos dormían en un salón común.

Cuando llegó a Francia, se bajaron del barco y fueron llevados en autobuses a Burdeos, dónde al llegar les buscaron hogar con diferentes familias.

Tras dejar Francia, finalmente llegó a Bélgica, donde fue acogida en una casa muy grande. Cuenta, con una sonrisa en la cara, que le sorprendió el ambiente de ese lugar: era una casa donde se hacían bailes y reuniones, para animar a los niños que estaban con ella, así que cantaban y animaban con música. Allí, estuvo un tiempo corto, porque luego le acogió una familia nueva.

Explica que solía ser una niña muy rubia y la familia que la acogió quería una niña mo­rena, pero tras conocerla, la acogieron con mucho cariño. Cuenta que estuvo con ellos 4 años. Llegó hasta llamarles mamá y papá. Tuvo la oportunidad de ir al colegio, a uno no católico.

A los 15 años volvió de vuelta a España, por la guerra en Europa. Y volvió a su tierra natal, aunque tardó 15 días en regresar con su familia: al principio fue a vivir unos días con su tía y luego regreso a casa de su madre. Una vez instalada en casa de su madre, esta quería que trabajara, a pesar de que en esa época no era fácil conseguir trabajo. Tras rechazar un trabajo de niñera por mediación de su madre, decidió ir a buscar un trabajo en tierras de labranza.

Ya de mayor conoció a un músico que, todos los domingos y jueves, se reunía el ayuntamiento con su banda. Ella iba con sus amigas a bailar, y así se conocieron. Con un leve reflejo nostálgico en su expresión, lo describe como un chico rubio de ojos verdes del cual se enamoró, y ese amor fue recíproco de tal manera que se casaron a los tres años de noviazgo. Hoy en día, llevan 70 años casados. Tuvieron una hija a la cual llamaron Isabel, y vivieron en Asturias un tiempo, mientras él trabajaba de maquinista y músico, y ella era ama de casa.

Al poco tiempo, decidieron emigrar a Venezuela, dejando a su hija de 8 años con un familiar, hasta que consiguieron el suficiente dinero para llevarla con ellos también.

Ella, consiguió trabajo en una fábrica de camisas donde planchaba y hacía horas extras para reunir dinero. Su esposo empezó a trabajar en una fábrica del hierro.

Tras traer a su hija a Venezuela, y reunir un poco de dinero más, decidió montar una tienda, mientras su esposo trabajaba un tiempo como taxista, hasta conseguir un empleo en una empresa llamada Polar. Después de 20 años en esa empresa, y jubilarse, decidieron mudarse de nuevo a España, concretamente a Gijón, donde estuvieron otros 15 años más.

Su hija se casó en Venezuela y tuvo tres hijos. Más adelante, la familia de su hija se mudó también a España, empezando por Madrid y acabando en La Coruña. Así que, ellos decidieron mudarse finalmente con su hija y sus nietos a la ciudad de cristal.

El viajar le hizo fuerte, llegando a donde está ahora. Ella, niña de guerra, hoy en día tiene 92 años de edad.

 

Equipo de Redacción

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