17/11/16



Publicado el 29 noviembre, 2016 - 09:33h

 

El pasado 17 de noviembre tuve el placer de participar en una de las actividades que se incluyen dentro del programa de la Escuela de Salud y Bienestar de la Residencia para mayores SARquavitae-Santa Justa.

El taller llevaba por título “Ayuda para quien se dedica a ayudar” y estuvo dirigido tanto a cuidadores como a profesionales que atienden a personas con enfermedades crónicas avanzadas y/o en situación de dependencia. Y es que tanto las personas que adquieren el rol de cuidadores dentro de la familia, como los profesionales que nos dedicamos a atender a personas con enfermedad crónica avanzada y/o dependencia nos exponemos diariamente a un alto grado de sufrimiento.

Por un lado, los cuidadores asumen un papel de gran responsabilidad dentro de la familia y de forma sutil van descuidado sus propias necesidades en pro de las que tiene la persona que padece la enfermedad.  Hasta que de pronto llega un día en el que se dan cuenta de que su vida personal, social, familiar y laboral ha quedado prácticamente anulada. Ahora su vida se llena en gran medida gracias a las labores de cuidado y es en este momento cuando aparecen la irritabilidad, la ansiedad, el insomnio y los problemas de salud (tensión muscular, cefalea, problemas intestinales, etc.).

Por otro lado, los profesionales que atendemos a personas con enfermedades crónicas avanzadas y/o dependencia, muchas de ellas en situación de final de vida, conectamos diariamente con el dolor emocional de las personas que sufren la enfermedad. La sobreimplicación en estos casos, junto al fuerte deseo de aliviar el sufrimiento ajeno puede conducirnos a un estado de agotamiento físico y emocional, despersonalización y sentimiento de baja realización personal.

El principal deseo tanto de los cuidadores como de los profesionales es poder ayudar a la persona que padece la enfermedad, pero si llegamos a sufrir estos síntomas de una forma continuada en el tiempo, la calidad de la ayuda que podemos prestar disminuye.

Por tanto, es muy importante estar atentos a nuestras emociones (irritabilidad, tristeza, ansiedad, culpa, etc.), señales corporales (tensión muscular, cefalea, problemas intestinales, cardiovasculares, etc.), pensamientos (“cuidarlo es mi obligación, “yo puedo con todo”, etc.) y comportamientos (aislamiento, abuso del alcohol o del tabaco, etc.) que nos van a indicar que hay algo no estamos gestionando bien y, de seguir así no podremos ayudar de forma adecuada a los demás.

Laura Merinero – Psicóloga clínica

EAPS Sevilla

Comentarios: 0

Responder


Ver todos los artículos